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  • Serbia y la Unión
  • La detención Mladic acerca Serbia a la Unión Europea

    Samo Sloga Srbina Spasava, “Sólo la Unión Salva a los Serbios”, este es el eslogan patriótico que anida en la bandera serbia bajo el cobijo del águila bicéfala. Sintetizado en cuatro “c”‒que en el alfabeto cirílico corresponde a nuestra “s”‒, el lema refleja cuán importante es, y ha sido, la unión nacional y territorial para los serbios. Dicha unión ha sido defendida a ultranza por los serbios desde la batalla de Kosovo Polje en 1389 hasta la reciente guerra de Kosovo en 1998.


    La bandera serbia y las 4 «c» que sintetizan el lema patriótico.

    “Hoy, 11 de julio de 1995 en la Srebrenica serbia, ofrecemos esta ciudad a la Nación Serbia. Recordando el levantamiento contra los turcos, ha llegado el momento de consumar la venganza sobre los musulmanes”, estas fueron las palabras que el general serbobosnio Ratko Mladic dirigió a la población serbia tras la toma de Srebrenica. Horas después se cometería la matanza de alrededor de 8.000 varones musulmanes, el mayor genocidio cometido en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Su discurso desprende una rancia mezcla de odio, patriotismo, ultranacionalismo y xenofobia, y sintetiza, por desgracia, lo que han sido los Balcanes a lo largo de la historia: un auténtico polvorín.


    Toma de Srebrenica y palabras de Ratko Mladic el 11 de julio de 1995.

    Srebrenica, el asedio a Sarajevo o las masacres cometidas en Zvornik, Zepa y Gorazde, fueron perpetradas bajo el pretexto de crear una Gran Serbia étnicamente pura. Mladic y Karadzic fueron los socios de Slobodan Milosevic en esta cruzada nacionalista. Las operaciones Most (puente en serbocroata) y Drina, llevadas a cabo durante los primeros compases de la Guerra de Bosnia, dibujaron un corredor étnicamente puro desde Belgrado hasta Knin. Serbia, ‒la madre patria‒, los serbios de Bosnia y de la Krajina estaban unidos bajo la protección del padre Milosevic. La utopía de la Gran Serbia parecía gestarse.

    Documental sobre el cerco a Sarajevo. (Journeyman Pictures)

    En nombre de esta unión, en Bosnia y Herzegovina se llevó a cabo una guerra durante más de tres años (1992 – 1995), en la que miles de personas fueron asesinadas o bien tuvieron que refugiarse en otros países. Como lo habían sido Milos Obilic en la Edad Media y Draza Mihailovic en la Primera y Segunda Guerra Mundial; Ratko Mladic también era considerado por la inmensa mayoría de serbios como un auténtico héroe nacional.

    La última guerra para preservar la unión de los serbios fue la de Kosovo (1998-1999), una región con un gran valor simbólico y sentimental para el pueblo serbio. En el Campo de los Mirlos, los serbios perdieron la batalla contra los otomanos en 1389, y además, en tierras kosovares se halla el importante patriarcado ortodoxo de Pec. Sin duda, la guerra no salió como los serbios esperaban. Si en el recuerdo colectivo ya pesaban las duras imágenes de las guerras de Croacia y Bosnia, las escenas de miles de refugiados amontonados en desvencijados vagones de tren con rumbo a Macedonia, no hicieron más que generar una mayor antipatía hacia los serbios.

    Imágenes de la expulsión de miles de albanokosovares de Pristina captadas por Miquel Gil.

    Los serbios han sido los más «malos» de Europa de la última década del siglo XX. Estigmatizados y señalados por la comunidad internacional, Serbia debía sumirse en una catarsis nacional y buscar un nuevo rumbo. En octubre del 2000, el pueblo serbio apostó por arrebatarle el timón al capitán Milosevic que llevaba años conduciendo el país a la deriva. Trazar una nueva ruta no sería presa fácil. Los remanentes nacionalistas, con mucho peso político en el estado balcánico, serían un auténtico escollo.

    La nueva apuesta democrática debía ir acompañada por un cambio de mentalidad y tangibilizarse en hechos concretos. La asunción de los crímenes cometidos y la detención de los crimínales de guerra que habían cometido grandes genocidios en nombre de la unión serbia, era un paso fundamental para una nueva Serbia que miraba a Europa.

    De héroes a villanos. Los nuevos dirigentes serbios se enfrentaban a la ardua tarea de cambiar progresivamente la percepción de la población con respecto a los criminales de guerra. Tras años recibiendo presiones y críticas de la comunidad internacional por prestar presunta cobertura a los prófugos, Serbia comenzó a cumplir los deberes encomendados por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY). El verano de 2008 era detenido el líder político serbobosnio Radovan Karadzic. En marzo del año pasado, el Parlamento serbio aprobó una histórica declaración en la que condenaba de una forma muy enérgica la matanza de bosnios musulmanes en la ciudad de Srebrenica en 1995. Sólo faltaba la detención de Ratko Mladic y Goran Hadzic.

    Ahora, después de la detención de Mladic, en la página de la Interpol destinada a los criminales de guerra de la antigua Yugoslavia, sólo aparece Hadzic. Por fin, los héroes nacionales ya no visten uniformes de camuflaje. Ahora, disparan pelotazos al fondo de la pista. Serbia ha consumado su metamorfosis nacional. Definitivamente, la Unión que importa a los serbios es otra: la Europea.


    Foto del ex presidente de la Rapública Serbia de la Krajina, Goran Hadzic.

mayo 27th, 2011

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