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  • Kurdistán Oeste se blinda tras combates con grupos islamistas
  • Reportaje publicado en GARA el 28-11-12

    Las Unidades de Protección Kurdas (YPG) han intensificado su entrenamiento tras los choques con grupos opositores islamistas en Ras al-Ain. El Partido de la Unión Democrática (PYD) acusa a Turquía de dar apoyo al Frente al-Nusra y Ghuraba al-Sham permitiéndoles operar desde su territorio.

    Cubiertos con kufiyyas, el típico pañuelo palestino, milicianos de las Unidades de Protección Kurdas (YPG) hacen prácticas de tiro con fusiles de asalto AK-47 y simulan situaciones de combate entre los olivos de un campo situado cerca de Efrin, principal ciudad kurda de la provincia de Alepo. Roj, antiguo combatiente del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y encarcelado en Turquía durante ocho años, dirige e imparte disciplina a los 30 jóvenes que conforman esta brigada.

    Las YPG se crearon en julio después de que el Partido de la Unión Democrática, brazo político del PKK en Siria, se hiciera con el control administrativo de diferentes regiones de Kurdistán Oeste tras la retirada del régimen. Al principio, la organización de estas unidades defensivas era muy precaria, carecían de formación, disciplina militar y su arsenal se reducía simplemente a armamento ligero.

    Milicianos de las Unidades de Protección Kurdas (YPG) en Jendires. David Meseguer © Milicianos de las Unidades de Protección Kurdas (YPG) en Jendires. David Meseguer ©

    «Solo somos una fuerza defensiva, pero los últimos acontecimientos y la injerencia de potencias extranjeras nos ha obligado a organizarnos y estar preparados para entrar en acción», explica a GARA Roj, combatiente con una amplia experiencia en Qandil, bastión montañoso del PKK en el norte de Irak.

    Ahora las YPG, que cuentan con diferentes brigadas en ciudades como Efrin, Amude o Qamishlo y tienen como referente ideológico a Abdullah Öcalan, disponen de uniformes, mejor armamento con lanzacohetes RPG y también albergan una gran cantidad de mujeres en sus filas.

    Los enfrentamientos de finales de octubre entre las Unidades de Protección Kurdas y el Ejército Libre de Siria (ELS) en Ashrafiyeh, barrio de mayoría kurda de Alepo, y Qestel Cendo, en la región de Efrin, unidos a los combates que actualmente tienen lugar en la población de Ras al-Ain entre las milicias kurdas y los grupos islamistas Frente al Nusrat y Ghuraba al Sham han abierto un nuevo frente militar en Siria.

    A pesar de que hace pocos días las fuerzas kurdas expulsaron de la ciudad de Derik a las tropas leales a Bashar al-Assad, los rebeldes sirios siguen acusándolos de colaboradores del régimen.

    Acto de formación de una brigada de las YPG en la región de Efrin. David Meseguer © Acto de formación de una brigada de las YPG en la región de Efrin. David Meseguer ©

    Como consecuencia de la escalada de la tensión, las YPG han incrementado la presencia de efectivos en las vías de comunicación con gran valor estratégico. Mohammed Jemu, responsable del punto de control en la carretera que une Jendires con el paso fronterizo de Bab al-Hawa, explica que «cada checkpoint cuenta con unos 20 hombres pero si la situación lo requiere somos capaces de movilizar rápidamente más de un centenar de hombres».

    Apostado detrás de unos sacos terreros y a los mandos de una DShK, está Mazlom Hasan, uno de los jóvenes voluntarios que hace guardia en este punto de control. «Es un honor para mí defender la dignidad de mi pueblo. Estoy listo para sacrificar mi alma y mi sangre por mi tierra», se sincera el combatiente.

    Grupos islamistas y el apoyo turco

    «Ankara no puede permitir bajo ningún concepto que los kurdos de Siria tengamos derechos y libertad y está apoyando a grupos islamistas para combatirnos», denuncia Attef Abdo, miembro del PYD y máximo responsable del Parlamento del Pueblo Kurdo en Efrin.

    Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) con sede en Londres, los combates que tienen lugar desde el lunes en Ras al Ain, villa fronteriza con Turquía, han dejado 34 muertos, entre ellos 29 combatientes opositores y Abid Xellil, miembro local del PYD. Unos 400 combatientes de las YPG controlan el norte y el este de la ciudad, mientras que unos 300 milicianos pertenecientes a los grupos islamistas radicales del Frente al-Nusra -vinculado a Al Qaeda- y la brigada Ghuraba al-Sham, tienen bajo su poder el sur y el oeste así como el paso fronterizo hacia Turquía.

    Manifestación de apoyo a las YPG en Jendires. David Meseguer © Manifestación de apoyo a las YPG en Jendires. David Meseguer ©

    «Los rebeldes llegaron armados con tres tanques capturados al Ejército del régimen procedentes de la parte turca», según manifestó un residente local a la agencia France Press. Fuentes de las Unidades de Protección Kurdas han afirmado a este diario «que el Gobierno turco está armando diferentes facciones islamistas de la oposición y las está utilizando como quinta columna para combatir a las milicias kurdas». Este mismo contacto defiende que «dichos grupos yihadistas cuentan con el beneplácito de Ankara para lanzar operaciones armadas desde territorio turco».

    Después que el YPG lanzara el sábado un ultimátum de 48 horas a los grupos rebeldes para que cesaran sus ataques y propusieran un comité mixto compuesto por kurdos y árabes para gobernar la ciudad, la actividad armada ha cesado y la calma parece haber llegado momentáneamente a esta ciudad de Kurdistán Oeste.
    Ararat, periodista de Ronahi TV que cubrió hace un mes los combates en Qestel Cendo, población cercana al paso fronterizo de Bab al-Salam en Azaz, cuenta que «el ataque de la qatiba Asefat al-Shamal (Tormenta del Norte) se produjo desde el lado turco de la frontera».

    Desde que el pasado mes de julio esta brigada liderada por Ammar Dadikhi se hiciera con el control de este punto estratégico de vital importancia económica, se han producido varios enfrentamientos con brigadas rivales del ELS que han tratado de arrebatarle el mando del puesto fronterizo.

    Este grupo armado que antes de la guerra se lucraba con el contrabando transfronterizo, contaría en sus filas con gran presencia de combatientes sirios de ascendencia turcomana, por lo que Ankara les estaría apoyando para desestabilizar la región kurda de Efrin a cambio de una suerte de autonomía futura.

    «Turquía está financiando las qatibas Selaheddin y Azadi que cuentan con mercenarios kurdos en sus filas», denuncia Attef Abdo. Estos grupos vinculados al Ejército Libre de Siria protagonizaron hace tres semanas los incidentes armados con las YPG en Ashrafiyeh, barrio de mayoría kurda de Alepo.

    La fragmentación de las fuerzas opositoras como ocurriera en Libia con los grupos contrarios a Muamar al Gaddafi está dificultando la interlocución entre las fuerzas kurdas y los grupos rebeldes. «Las relaciones con el Ejército Libre de Siria comandado por Riad al-Assad son fluidas pero los contactos con las facciones opositoras islamistas son prácticamente inexistentes», apunta Aref Sheiko, destacado miembro del Movimiento Democrático Popular de Kurdistán Oeste (TEV-DEM).

    Milicianos de las YPG bailando en la región de Efrin. David Meseguer © Milicianos de las YPG bailando en la región de Efrin. David Meseguer ©

    El hecho de que Turquía haya solicitado oficialmente a la OTAN el despliegue de baterías de misiles Patriot en territorio turco para protegerse de posibles ataques desde Siria, aún incrementa más la tensión en las regiones kurdas fronterizas con el Estado otomano.

    Los partidos kurdos cierran filas

    La reunión mantenida en Doha hace diez días por grupos contrarios a Bashar al-Assad sirvió para certificar la unión de la oposición siria y a su vez dejó entrever la debilidad del Consejo Supremo Kurdo puesto que tres formaciones de las quince que componen el Consejo Nacional Kurdo (CNK) acudieron por cuenta propia a la reunión.

    El Consejo Supremo surgió fruto del acuerdo de Arbil firmado a mediados de julio entre el PYD y el CNK bajo el auspicio de Massoud Barzani, presidente del Gobierno Regional del Kurdistán iraquí. Aunque los diferentes comités están incorporando miembros del CNK, el PYD es quien está llevando el peso administrativo de la proclamada autonomía de facto.

    «Que tres partidos fueran al encuentro de Qatar a título individual fue un grave error que cometimos», comenta Mustafa Ras Waliq, miembro del Partido de la Unificación de los Kurdos de Siria (PYDKS), formación integrada en el CNK. El político reconoce que «los intereses privados de los partidos y las injerencias extranjeras han dificultado la normal puesta en marcha del Consejo Supremo». Para limar estas asperezas, miembros de los diferentes partidos que forman parte de este órgano están reunidos estos días en Arbil para redefinir sus funciones y cerrar filas en torno a las Unidades de Protección Kurdas.

    Checkpoint de las YPG en Ashrafiyeh, barrio de mayoría kurda en Alepo. David Meseguer © Checkpoint de las YPG en Ashrafiyeh, barrio de mayoría kurda en Alepo. David Meseguer ©

    «Las YPG protegen a todo el pueblo kurdo y nuestro deseo es que se conviertan en las fuerzas de seguridad del Comité Supremo», asegura Ras Waliq. En verano, algunas informaciones señalaron que en Duhok, población de Kurdistán Sur, el Gobierno de Massoud Barzani estaba entrenando a militares kurdos desertores del Ejército sirio para formar una futura fuerza que pudiera proteger la autonomía kurda, aunque de momento el proyecto parece no haber fructificado.

    Estas fricciones entre las diferentes formaciones kurdas se han dejado a un lado como consecuencia de los sucesos de Ras al-Ain. Ejemplo de ello es la manifestación en apoyo de las YPG que tuvo lugar en la población de Jendires, donde representantes de todos los partidos políticos marcharon juntos en la misma fila.
    «Ahora más que nunca los partidos kurdos debemos mantener la unidad, porque sino es así tanto Turquía como el régimen sirio se beneficiarán», sentencia Mustafa Ras Waliq.

  • Con la ayuda de Google Earth, el Kalashnikov y Alá
  • Artículo publicado en GARA el 22-11-12

    En un pequeño apartamento de Bustan al-Qasr, barrio meridional de Alepo, guerrilleros del teclado y combatientes del Ejército Libre de Siria recurren a la aplicación de Google para ubicar las posiciones de las tropas de Al-Assad en el frente y planificar los ataques.

    Saif y sus amigos presentan un gesto desencajado. Acaban de regresar de la manifestación que todos los viernes tiene lugar en el barrio de Bustan al-Qasr y todavía no asimilan lo que el objetivo de sus videocámaras acaba de captar. A pesar de que la protesta cambia cada semana de ubicación por cuestiones de seguridad, esta vez los proyectiles lanzados por las tropas de Al-Assad han hecho blanco en su objetivo en una calle cercana a la mezquita de Bader. Trece manifestantes han muerto y los heridos se cuentan por decenas.

    Combatientes del ELS en Busatn al-Qasr, Alepo. Combatientes del ELS en Busatn al-Qasr, Alepo. David Meseguer ©

    La corriente eléctrica marca el ritmo vital de estos combatientes del teclado. «Cuando hay luz trabajamos; cuando no, tratamos de echar una cabezada», explica Saif, un joven estudiante de ingeniería eléctrica que coordina el reducido grupo de activistas. En un pequeño piso de este barrio meridional de Alepo, cinco jóvenes que rondan la veintena se apresuran a subir a la red las imágenes de la manifestación y de las desastrosas consecuencias del ataque. De fondo, el audio de la televisión con las imágenes de los bombardeos de Gaza se mezcla con el estruendo de los obuses que caen no muy lejos creando una extraña atmósfera.

    Llaman a la puerta. Cuatro combatientes de la brigada Abu Amar del Ejército Libre de Siria (ELS) hacen acto de presencia en el salón. Todos ellos llevan una cinta negra atada en su frente donde se lee: «No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta». Este grupo cuenta con 200 combatientes y tiene una clara connotación religiosa. Acaban de recibir el relevo en el frente de Ramusah, pero mañana deberán volver a primera línea de combate.

    Cola del pan en Bustan al-Qasr. David Meseguer © Cola del pan en Bustan al-Qasr. David Meseguer ©

    Tarek, uno de los rebeldes, toma asiento junto a uno de los ciberactivistas y le menciona la confluencia de dos calles para que las introduzca en Google Maps. «Es evidente que no proporciona imágenes en tiempo real como lo hace un satélite, pero nos ayuda a hacernos una idea de que edificios controlan las fuerzas del régimen y saber desde dónde nos disparan», explica Tarek. La misión de su unidad es hostigar a las fuerzas de Al-Assad que se encuentran en Ramusah, desde donde bombardean los barrios de Sukkari y Bustan al-Qasr. En unos días esta brigada tiene previsto lanzar una ofensiva para intentar asfixiar una de las pocas vías de entrada que las tropas de Al-Assad aún conservan en la ciudad junto con el aeropuerto.

    Este distrito densamente poblado antes del estallido de la revuelta, ahora apenas cuenta con 20.000 habitantes. En las calles de Bustan al-Qasr los escombros provocados por los obuses se amontonan junto a la basura creando un ambiente denso y falto de salubridad. Sus gentes se han habituado a la cotidianeidad de los bombardeos y andan por la acera pegados a las fachadas buscando resguardo. En lo que antes era una tienda de dulces y pasteles, ahora se aloja un pequeño centro médico de primeros auxilios. «Aquí solo podemos dar las primeras atenciones, ya que apenas tenemos medios; si los heridos revisten mucha gravedad los trasladamos al hospital de Zarzour», comenta Samir, uno de los dos doctores del centro. «La desinfección de las heridas causadas por la metralla es nuestra tarea más habitual, aunque en días como hoy uno simplemente se dedica a certificar muertes», se lamenta el veterano facultativo.

    Checkpoint en Bustan al-Qasr. David Meseguer © Checkpoint en Bustan al-Qasr. David Meseguer ©

    En una pequeña guardería reconvertida en comisaría de Policía, los miembros de Amn al-Thawra -la seguridad de los rebeldes- de Bustan al-Qasr se reparten las calles y distribuyen las tareas frente a una pared donde la bandera revolucionaria comparte espacio con un graffiti de los Teletubbies. «Después de un bombardeo velamos porque no se produzcan robos entre los escombros», expone Abu Fuad, el segundo oficial de esta unidad policial. «También nos encargamos de los checkpoints, el tráfico y la detención de colaboradores del régimen o de miembros del Ejército Libre de Siria si estos no presentan un comportamiento adecuado», remarca.

    Pocas personas en el barrio se atreven a cuestionar al Frente AlNusra, grupo yihadista vinculado a Al-Qaeda y autor de los ataques más sangrientos contra el régimen de Bashar al-Assad. La presencia de este grupo formado en su mayoría por combatientes extranjeros es fácilmente apreciable en algunos de los edificios de Alepo oriental engalanados con símbolos islamistas. «Actúan de forma independiente al resto de unidades del ELS y siempre están en primera línea», explica el mando policial. «Es muy loable el trabajo que hacen porque son las tropas de choque con el Ejército del régimen pero la concepción que tienen para una futura Siria nos preocupa».

enero

Este archivo pertenece a enero, 2013.

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