• Artículo publicado en GARA el 22-11-12

    En un pequeño apartamento de Bustan al-Qasr, barrio meridional de Alepo, guerrilleros del teclado y combatientes del Ejército Libre de Siria recurren a la aplicación de Google para ubicar las posiciones de las tropas de Al-Assad en el frente y planificar los ataques.

    Saif y sus amigos presentan un gesto desencajado. Acaban de regresar de la manifestación que todos los viernes tiene lugar en el barrio de Bustan al-Qasr y todavía no asimilan lo que el objetivo de sus videocámaras acaba de captar. A pesar de que la protesta cambia cada semana de ubicación por cuestiones de seguridad, esta vez los proyectiles lanzados por las tropas de Al-Assad han hecho blanco en su objetivo en una calle cercana a la mezquita de Bader. Trece manifestantes han muerto y los heridos se cuentan por decenas.

    Combatientes del ELS en Busatn al-Qasr, Alepo. Combatientes del ELS en Busatn al-Qasr, Alepo. David Meseguer ©

    La corriente eléctrica marca el ritmo vital de estos combatientes del teclado. «Cuando hay luz trabajamos; cuando no, tratamos de echar una cabezada», explica Saif, un joven estudiante de ingeniería eléctrica que coordina el reducido grupo de activistas. En un pequeño piso de este barrio meridional de Alepo, cinco jóvenes que rondan la veintena se apresuran a subir a la red las imágenes de la manifestación y de las desastrosas consecuencias del ataque. De fondo, el audio de la televisión con las imágenes de los bombardeos de Gaza se mezcla con el estruendo de los obuses que caen no muy lejos creando una extraña atmósfera.

    Llaman a la puerta. Cuatro combatientes de la brigada Abu Amar del Ejército Libre de Siria (ELS) hacen acto de presencia en el salón. Todos ellos llevan una cinta negra atada en su frente donde se lee: «No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta». Este grupo cuenta con 200 combatientes y tiene una clara connotación religiosa. Acaban de recibir el relevo en el frente de Ramusah, pero mañana deberán volver a primera línea de combate.

    Cola del pan en Bustan al-Qasr. David Meseguer © Cola del pan en Bustan al-Qasr. David Meseguer ©

    Tarek, uno de los rebeldes, toma asiento junto a uno de los ciberactivistas y le menciona la confluencia de dos calles para que las introduzca en Google Maps. «Es evidente que no proporciona imágenes en tiempo real como lo hace un satélite, pero nos ayuda a hacernos una idea de que edificios controlan las fuerzas del régimen y saber desde dónde nos disparan», explica Tarek. La misión de su unidad es hostigar a las fuerzas de Al-Assad que se encuentran en Ramusah, desde donde bombardean los barrios de Sukkari y Bustan al-Qasr. En unos días esta brigada tiene previsto lanzar una ofensiva para intentar asfixiar una de las pocas vías de entrada que las tropas de Al-Assad aún conservan en la ciudad junto con el aeropuerto.

    Este distrito densamente poblado antes del estallido de la revuelta, ahora apenas cuenta con 20.000 habitantes. En las calles de Bustan al-Qasr los escombros provocados por los obuses se amontonan junto a la basura creando un ambiente denso y falto de salubridad. Sus gentes se han habituado a la cotidianeidad de los bombardeos y andan por la acera pegados a las fachadas buscando resguardo. En lo que antes era una tienda de dulces y pasteles, ahora se aloja un pequeño centro médico de primeros auxilios. «Aquí solo podemos dar las primeras atenciones, ya que apenas tenemos medios; si los heridos revisten mucha gravedad los trasladamos al hospital de Zarzour», comenta Samir, uno de los dos doctores del centro. «La desinfección de las heridas causadas por la metralla es nuestra tarea más habitual, aunque en días como hoy uno simplemente se dedica a certificar muertes», se lamenta el veterano facultativo.

    Checkpoint en Bustan al-Qasr. David Meseguer © Checkpoint en Bustan al-Qasr. David Meseguer ©

    En una pequeña guardería reconvertida en comisaría de Policía, los miembros de Amn al-Thawra -la seguridad de los rebeldes- de Bustan al-Qasr se reparten las calles y distribuyen las tareas frente a una pared donde la bandera revolucionaria comparte espacio con un graffiti de los Teletubbies. «Después de un bombardeo velamos porque no se produzcan robos entre los escombros», expone Abu Fuad, el segundo oficial de esta unidad policial. «También nos encargamos de los checkpoints, el tráfico y la detención de colaboradores del régimen o de miembros del Ejército Libre de Siria si estos no presentan un comportamiento adecuado», remarca.

    Pocas personas en el barrio se atreven a cuestionar al Frente AlNusra, grupo yihadista vinculado a Al-Qaeda y autor de los ataques más sangrientos contra el régimen de Bashar al-Assad. La presencia de este grupo formado en su mayoría por combatientes extranjeros es fácilmente apreciable en algunos de los edificios de Alepo oriental engalanados con símbolos islamistas. «Actúan de forma independiente al resto de unidades del ELS y siempre están en primera línea», explica el mando policial. «Es muy loable el trabajo que hacen porque son las tropas de choque con el Ejército del régimen pero la concepción que tienen para una futura Siria nos preocupa».





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