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  • Primavera árabe, verano kurdo.
  • A la sombra mediática de la Primavera Árabe, el pueblo kurdo ha intensificado la lucha por sus derechos en los últimos meses. Este espíritu de cambio se ha dejado sentir con fuerza especialmente en Kurdistán Norte. Los excelentes resultados del BDP en las elecciones generales turcas, el posterior boicot parlamentario, la declaración de autonomía democrática y el aumento de las acciones armadas del PKK; han recordado a Ankara la necesidad de resolver un conflicto enquistado durante décadas.

    Desafiando el sofocante calor y bajo la atenta mirada de un retrato de Mustafá Kemal Atatürk, fundador de la República de Turquía, centenares de kurdos rezan ante la milenaria muralla que custodia la plaza Dagkapi de Diyarbakir. En condiciones normales, la multitudinaria plegaria del viernes debería realizarse en la mezquita de Nebi, controlada por el Estado turco, pero se trata de una de las diferentes acciones de desobediencia civil que la comunidad kurda está llevando a cabo para mostrar su indignación con la política de Ankara.


    Viernes de rezo en la Plaza Dagkapi de Diyarbakir.

    «En las elecciones generales de 2007, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) vio que la forma de ensanchar su base electoral y de convertirse en un partido hegemónico en toda Turquía, pasaba ampliar su presencia en las zonas kurdas del sudeste del país y entre los kurdos de las grandes ciudades. La estrategia electoral del AKP se focalizó en apostar por una concepción del Estado menos nacional sanguínea e impregnada de estatalismo y más basada en la lógica islámica», afirma Eduard Soler, investigador principal del Centro de Estudios y Documentación Internacionales de Barcelona (CIDOB) en el área del Mediterráneo y Oriente Próximo.

    El mensaje religioso, las promesas de desarrollo económico para el sudeste de Anatolia y el compromiso para resolver la cuestión kurda; provocaron que el partido del primer ministro Recep Tayyip Erdogan cosechase muchos votos entre la ciudadanía kurda y revalidara su segunda legislatura en 2007 con el 46,6% de los votos en el ámbito nacional. Para Soler, «el gobierno del AKP comienza a corroborar que esta estrategia hace aguas en las elecciones municipales de 2009. El Gobierno turco ve cómo pese a los esfuerzos invertidos en la zona kurda, a nivel de confianza y dotación de pequeños derechos, la gente vuelve a apostar en las urnas por el nacionalismo kurdo tradicional».


    Niños ensalzando a “APO” en el barrio de Baglar en Diyarbakir.

    Según el analista del CIDOB, «la intensificación de las acciones violentas por parte del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) desde septiembre del 2010 han situado a Erdogan bajo la presión de las fuerzas de seguridad del Estado, su propio partido y la opinión pública; provocando un cambio de actitud respecto al conflicto kurdo y alejándolo de las promesas que hizo en 2007. Parece como si el AKP haya dado por perdida la posibilidad de avanzar en la cuestión kurda y de crecer políticamente en las provincias del sudeste de Turquía de mayoría kurda».

    El descenso en los escaños obtenidos por el AKP en las elecciones generales del pasado 12 de junio –327 frente a los 341 de 2007–, se debe en gran parte a la repulsa de un elevado porcentaje de la población kurda hacia la política represiva del Gobierno de Ankara. Los kurdos se han cerciorado que el mensaje de hermandad musulmana lanzado por el primer ministro turco, ha venido acompañado de numerosos encarcelamientos de políticos y activistas, así como de duras operaciones militares contra el PKK.


    Celebración resultados electorales sede del BDP en Diyarbakir.

    «La gestión de Erdogan no ha respondido a las expectativas que había despertado entre los kurdos y han apostado por nuestra formación», comenta Evren Çekiik, responsable de relaciones internacionales del pro kurdo Partido Paz y Democracia (BDP). El nacionalismo kurdo ha salido fortalecido con los 36 escaños obtenidos en las elecciones, el mejor resultado desde la legalización de los partidos políticos kurdos en Turquía. El político kurdo destaca que «las promesas de desarrollo económico lanzadas por el AKP no han logrado disminuir la tasa de paro, que sigue en torno al 25% y los proyectos económicos como el GAP, un plan para el desarrollo económico del sudeste de Anatolia que conlleva la construcción de unos 200 embalses de agua, están provocando la desaparición de villas y el consecuente desplazamiento de la población».

    Desobediencia del Parlamento a las calles

    Aprovechando la coyuntura creada por las revueltas árabes en el norte de África y en Oriente Medio, y siguiendo las consignas del máximo responsable del PKK, Abdullah Öcalan, los kurdos se han subido a la ola de cambio y echado a las calles para reivindicar con más fuerza si cabe sus derechos nacionales. Desde la isla-prisión de Imrali, el líder kurdo había fijado el 15 de junio como fecha límite para que el gobierno electo diera un paso firme hacia la resolución del conflicto. La pasividad e indeferencia mostrada por el gobierno del AKP, se ha traducido en acciones de protesta de la sociedad civil kurda y en un aumento considerable de las acciones del PKK, que han dejado un sangriento verano con más de un centenar de muertos entre guerrilleros y cuerpos de seguridad del Estado turco.


    Manifestantes kurdos muestran fotos de guerrilleros caídos en Uludere.

    Una de las principales reivindicaciones del nacionalismo kurdo ha sido la liberación y habilitación política de seis parlamentarios elegidos y todavía encarcelados. De ellos, destaca Hatip Dicle, un político con mucho peso en el nacionalismo kurdo. La decisión de la Junta Electoral Central de inhabilitar a los seis políticos, pese a gozar de inmunidad parlamentaria, provocó que el BDP boicoteara la sesión de investidura parlamentaria y rechazara tomar posesión de sus escaños. El boicot parlamentario ha durado todo el verano y no ha sido hasta primeros de octubre que el Partido Paz y Democracia ha vuelto al hemiciclo de la Gran Asamblea Turca para vehicular desde allí sus demandas nacionales.

    Consciente de la ingente desafección kurda hacia Ankara, el BDP planteó los comicios como un plebiscito autonómico. La necesidad de incorporar el estatuto para Kurdistán Norte fue el eje central de la campaña del BDP. «La voz clara y contundente del pueblo clama una autonomía democrática y debe ser escuchada. El resultado electoral demuestra que Erdogan no puede dar ningún paso sin contar con nosotros», advierte Altan Tan, diputado elegido en Diyarbakir. Por su parte, Cuma Içten, diputado del Partido de la Justicia y el Desarrollo en la capital histórica de Kurdistán Norte, ejemplifica a la perfección el discurso oficialista del Gobierno turco y defiende que «la solución para los kurdos no pasa por un estatuto autonómico sino por ampliar sus derechos en la próxima reforma constitucional».


    Manifestantes reclamando la liberación de Hatip Dicle.

    La negativa del Gobierno turco para incorporar el estatuto en las reformas constitucionales que plantea a medio plazo, provocó que el Congreso para una Sociedad Democrática (DTK), plataforma unitaria kurda que aglutina políticos y alcaldes del BDP, así como asociaciones y ONG, anunciara el pasado julio la puesta en marcha del autogobierno. En un congreso extraordinario celebrado en Diyarbakir, los 850 congresistas del DTK, aprobaron una declaración unitaria que apuesta por la autogestión de la sociedad kurda.

    La declaración unilateral de Autonomía Democrática responde más a un hecho simbólico que funcional, puesto que los gobiernos provinciales y ayuntamientos gestionados por el BDP, y las asociaciones kurdas, llevan ya tiempo autogestionando diferentes aspectos de la sociedad kurda, pero supone un toque de atención a la negativa del ejecutivo de Erdogan de recoger las demandas autonómicas en la reforma de la Carta Magna.

    No habrá paz sin Öcalan

    El claro desafío que ha supuesto el plante parlamentario, la declaración autonómica y la escalada de las acciones armadas del PKK para el primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan, ha provocado que Ankara reaccione con intensas operaciones militares y policiales para castigar al grupo guerrillero y al BDP. Siguiendo las consignas de Öcalan, la guerrilla ha lanzado ataques prácticamente a diario contra los cuerpos de seguridad turcos desde mediados de junio. Las emboscadas perpetradas en Silvan y Çukurca, dejaron varias decenas de bajas en las filas del ejército turco y provocaron una ofensiva del mismo en las Montañas de Qandil para destruir las bases del PKK.


    Guerrilleros del PKK en las montañas de Qandil en Kurdistán Sur.

    Ante esta coyuntura, el Gobierno del AKP ha decidido cerrar la puerta a cualquier posibilidad de negociación y hacer de las operaciones militares y policiales su principal estrategia política. La firmeza en la postura del Gobierno de Ankara tiene como objetivo acallar las voces de la oposición y del propio partido contrarias al diálogo que, sobre todo, se han radicalizado después de que salieran a la luz pública unas cintas donde presuntamente agentes de la Agencia de Inteligencia Turca (MIT) mantienen negociaciones con miembros de la ilegalizada Unión de Comunidades Kurdas (KCK).

    La ofensiva del ejército turco se ha llevado a cabo paralelamente a operaciones policiales en las que se han detenido a varios centenares de políticos del BDP y de activistas kurdos. En los últimos 6 meses, 4.148 personas han sido detenidas acusadas de pertenecer al entramado del ilegalizado KCK, organización paraguas del PKK y otras organizaciones kurdas. De estos cuatro millares de personas detenidas 548 están en prisión «El uso de leyes antiterroristas para enjuiciar a alcaldes y otros miembros del BDP es muy preocupante. Sin pruebas fehacientes de los actos de violencia, la credibilidad e imparcialidad de la fiscalía queda seriamente dañada al esforzarse en vincular la actividad política legímita de este partido legal con una organización ilegal», denuncia Benjamin Ward, director de Human Rights Watch para Asia Central.


    Jóvenes simpatizantes del PKK portan una imagen de Öcalan.

    Para relanzar el proceso de paz, el BDP demanda al AKP que se siente a negociar y remarca la importancia de Abdullah Öcalan como interlocutor. El nacionalismo kurdo pide una mejora en las condiciones de confinamiento del líder kurdo como gesto de buen entendimiento para comenzar las negociaciones. Nursel Aydogan, diputada del BDP por Diyarbakir, recuerda que «la palabra de Öcalan tiene tanto poder que, aunque el BDP plantee el mejor proyecto político posible, si éste no es aprobado por Öcalan, los kurdos no van a respaldarlo».

    «Darle un papel público a Öcalan como negociador sería contraproducente para el Gobierno turco ya que desvirtuaría las negociaciones a ojos de la inmensa mayoría de la población turca que lo considera máximo responsable de la violencia armada. Si Ankara piensa que la única forma de avanzar en un proceso de paz es a través de la interlocución de Öcalan, deberían de llegar a algún tipo de acuerdo de naturaleza política que sea digerible para el ciudadano turco de a pie. Debe ser al menos estéticamente negociado, acordado con autoridades y personas que nada tengan a ver con acciones violentas. De este modo es mucho más fácil vender un acuerdo de paz a la población», concluye el experto del CIDOB, Eduard Soler.


    Jóvenes seguidores del PKK en Diyarbakir.

  • Boicot kurdo al parlamento turco
  • Los 36 candidatos elegidos del pro kurdo Partido Paz y Democracia (BDP) no asistieron al acto de constitución del Parlamento turco que tuvo lugar el pasado martes 28 de junio. La renuncia temporal a sus escaños es una medida de protesta ante la sentencia que inhabilita a seis políticos kurdos elegidos que permanecen presos.

    Escaños vacíos en la Gran Asamblea Nacional de Turquía y calles repletas de manifestantes en Diyarbakir, la histórica capital del Kurdistán Norte. Esta es la contundente respuesta que el nacionalismo kurdo ha dado al Gobierno de Ankara y a las instituciones judiciales del Estado turco, como consecuencia de la sentencia de la Junta Electoral Suprema (YSK) que inhabilita al recién reelegido diputado kurdo, Hatip Dicle.

    «No acudiremos al Parlamento hasta que se den los primeros pasos firmes para encontrar una solución», anunciaba Serafettin Elçi, uno de los candidatos independientes del BDP, reelegido en las pasadas elecciones nacionales turcas del 12 de junio.

    La decisión de no acudir a la sesión de constitución del Parlamento turco y de renunciar temporalmente a sus actas de diputados, fue consensuada por los 36 diputados electos del BDP y contó con el respaldo de los dos máximos dirigentes del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), Abdullah Oçalan y Murat Karaliyan.

    El peso político de Dicle

    Hatip Dicle y otros cinco candidatos elegidos del BDP concurrieron a los comicios generales estando en prisión acusados de difundir propaganda del ilegalizado PKK. Dicle, político muy querido entre los simpatizantes del movimiento kurdo por su defensa de los derechos de este pueblo, fue sentenciado en marzo de 2009 a un año y ocho meses de prisión por el Tribunal Penal Supremo.

    Finalmente, fue detenido en diciembre de ese mismo año en el marco de la operación que suponía la ilegalización del pro kurdo Partido de la Sociedad Democrática (DTP). A priori, Hatip Dicle y los otros cinco candidatos independientes del BDP elegidos, deberían poseer inmunidad parlamentaria durante los cuatro próximos años de legislatura, pero la Junta Electoral Suprema (YSK) se acoge al artículo 76 de la Constitución turca para inhabilitarlos.

    El citado artículo proclama que «las personas que han sido condenadas por delitos deshonrosos como la participación en actos de terrorismo o la incitación y el fomento de tales actividades no serán elegidos como diputados».


    Imágenes correspondientes a la manifestación de apoyo a Hatip Dicle, celebrada el 25 de junio de 2011 en Diyarbakir.

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