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  • El último acorde de Tito
  • Dos décadas después de la desintegración de Yugoslavia, la música sigue ejerciendo de estrecho vínculo entre las diferentes ex repúblicas.


    Tose Proeski en un concierto en Croacia poco antes de fallecer en un accidente.

    El fallecimiento del joven cantante macedonio, Tose Proeski, –conocido como el Elvis de los Balcanes– en un accidente de automóvil en Croacia en 2007, provocó una profunda conmoción a lo largo y ancho de toda la Península Balcánica. Convertidas en un colosal obituario, las redes sociales se inundaron de sentidos mensajes de condolencia procedentes de todos los rincones de lo que en su día fue Yugoslavia. Hasta Skopje, donde Proeski fue despedido en un sepelio con honores de estado, asistieron personalidades de todas las ex repúblicas yugoslavas para dar el último adiós a tan significante cantante.

    Las reacciones ante el fatal suceso, sirvieron para evidenciar que a pesar de las guerras y los convulsos procesos de independencia que conllevaron la desintegración de la República Federal Socialista de Yugoslavia, la música sigue siendo uno de los factores de cohesión social entre los diferentes pueblos que formaban parte de la federación.

    El hecho de que el Estado liderado por el Mariscal Tito fuese uno de los principales artífices y promotores del Movimiento de Países No Alineados, facilitó la apertura del país eslavo y su permeabilidad a las influencias culturales mainstream procedentes del extranjero. A diferencia del hermetismo y opacidad de los regímenes situados al este del Telón de Acero, Yugoslavia fue escenario a finales de los años 70 e inicios de los 80 de una gran eclosión de formaciones musicales que recogían lo mejor del pop y rock anglosajón y lo fusionaban con folk tradicional balcánico impregnado de influencias otomanas y gitanas.

    A pesar de su disolución en 1970, la fiebre Beatles todavía se reflejaba en el estilo melódico y en la indumentaria elegida por los nuevos grupos yugoslavos para hacer sus puestas en escena. Aunque sobre la new age balcánica ejercieron aun mayor influencia que la banda de Liverpool formaciones rockeras de gran repercusión internacional como Queen o The Rolling Stones.


    Concierto de Bijelo Dugme en Sarajevo en 1987.

    El máximo exponente de esta corriente fue Bijelo Dugme, banda de rock aparecida en Sarajevo en 1974 bajo el liderazgo del guitarrista y compositor Goran Bregovic. Con Black Sabbatah y Led Zeppelling como principales referentes, la formación bosnia fusionó lo mejor del rock anglosajón con instrumentos y ritmos típicamente balcánicos. El final de los 70 y principios de los 80 coincidió con una época de bonanza económica y de proyección internacional de Yugoslavia con grandes eventos como los Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en Sarajevo en 1984.

    “La música popular y rock que se escuchaba en aquella época, como los bosnios de Bijelo Dugme o los serbios de Bajaga, conseguía llenar estadios en Belgrado, Sarajevo o Liubliana. Independientemente de su origen y religión, la sociedad yugoslava escuchaba y sigue escuchando la misma música”, explica Tamara Djermanovic, profesora y directora del Seminario de Estudios Eslavos en la Universitat Pompeu Fabra. “La música como factor de cohesión social es un fenómeno a través del cual puede observarse como en realidad la descomposición sangrienta de Yugoslavia pudo haberse evitado”, añade la educadora.

    Junto a la lengua, la música es una de las herencias culturales comunes que mantiene vivo el espíritu yugoslavo. A los músicos y cantantes de rock y folk tradicional, se les ha unido una amplia amalgama de artistas pop y turbofolk que siguen llenando escenarios en todos los puntos de la ex Yugoslavia a pesar del traumático y sangriento proceso de desintegración. El poder de convocatoria del cantautor bosnio Halid Beslic cuando éste actúa en Zagreb es admirable, del mismo modo que cantantes serbobosnios como Sasa Matic o Lepa Brena llenan aforos en Mostar.

    El canto nostálgico a los años que ya no volverán, los recuerdos de un amor de juventud, la alabanza a los orígenes o el apego a la tierra; son ejes temáticos que la práctica totalidad de cantantes balcánicos reproducen de forma sistemática en sus letras. En los Balcanes, la fuerza de la música adquiere tal envergadura, que a pesar de fuertes polémicas surgidas como consecuencia de manifestaciones nacionalistas de determinados cantantes, dichos artistas han seguido contando con miles de adeptos en las repúblicas que podrían haberse sentido ofendidas con su comportamiento.


    Ceca cantando “Volim Te” en una aparición televisiva.

    Una muestra de ello es la archifamosa cantante, Svetlana Raznatovic, popularmente conocida como Ceca, quien fuera esposa de Zeljko Raznatovic, jefe paramilitar serbio de los Tigres de Arkan asesinado en 2000. A pesar de su controvertido pasado conyugal y sus actividades políticas vinculadas al nacionalismo serbio, su hit Volim Te (Te Quiero) sigue siendo un auténtico himno para miles de personas de las distintas repúblicas ex yugoslavas.

    Con el yugoslavismo por bandera, Goran Bregovic, compositor y autor de varias bandas sonoras del cineasta Emir Kusturica, es uno de los máximos estandartes de este espíritu. Sus piezas, que recogen la herencia del rock de Bijelo Dugme y lo fusionan con el folk más tradicional impregnado de las influencias romaníes de Saban Bajramovic, suenan desde hace años en los escenarios más distinguidos de medio mundo. Como recuerda Tamara Djermanovic, “desafortunadamente el pasado reciente que vivimos y compartimos todos los yugoslavos quedó en cierto modo negado con todo lo que sucedió durante la guerra”. Para la docente , “las nuevas y viejas generaciones acuden a los conciertos movidos por la nostalgia. Quieren recuperar o revivir un pasado que nunca volverá”.


    Goran Bregovic y su banda cantando “Kalashnikov”.

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