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  • El clan Assad y el Kremlin, viejas amistades
  • El veto de Rusia y China a la resolución de Naciones Unidas que condena la violencia en Siria evidencia que determinadas alianzas de la Guerra Fría siguen aún vigentes. Los intereses rusos y chinos en el país árabe están ahora en el punto de mira de la oposición, como ya sucediera en la década de los 80 cuando objetivos soviéticos fueron víctima de atentados con sello islamista.

    El veto de Rusia y China en el seno del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a la resolución que condenaba la violencia en Siria e instaba a Bashar al-Assad a abandonar el poder para iniciar una transición democrática, ha hecho resucitar el viejo espíritu de bloques y alianzas de la Guerra Fría.


    Junto a China, Irán y Rusia se mantienen fieles a Bashar al-Assad. (AP)

    Una vez concluida la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética intentó buscar alianzas y expandir su área de influencia a Oriente Medio y estados árabes de corte socialista del norte de África. Durante la década de los 70 la URSS firmó hasta cuatro tratados de cooperación con estados árabes. Dichos acuerdos se enmarcaban principalmente en el campo militar, energético y de materias primas. Los países árabes exportaban petróleo así como algodón y fosfatos a cambio de importar trigo soviético, maquinaria industrial y armamento.

    El primer Tratado de Amistad y Cooperación –como así se denominaban– fue firmado con el Egipto de Anuar el Sadat en 1971. Aunque un año después el régimen egipcio expulsara a los consejeros militares del Kremlin de sus fronteras y la alianza se resintiese, la URSS suministró ayuda militar a Egipto para afrontar la guerra del Yom Kipur contra Israel en 1973. Finalmente, el tratado entre ambos estados acabó rompiéndose en 1976, momento en que Egipto comenzaba a acercarse a la orbita de Estados Unidos y que se traduciría dos años más tarde en los acuerdos de paz con Israel en Camp David.

    En su política expansionista, la Unión Soviética también firmó un tratado de cooperación con Irak en 1972, aunque la URSS no apoyaría al régimen de Sadam en la guerra que brindaría con Irán de 1980 a 1988. En 1973 llegó la firma del acuerdo con Somalia, lo que permitió a la URSS instalar una base naval en Berbera, enclave estratégico en el Golfo de Adén para controlar el tráfico naval en la boca meridional del Mar Rojo. Mogadiscio rompería lazos con Moscú tan solo tres años más tarde. El cuarto de los tratados se firmó con Yemen del Sur en 1979.

    Alianza entre Damasco y Moscú
    Hafez al-Assad, padre del actual presidente de Siria, llegó a la presidencia de la república árabe en 1971, justo cuando la Guerra Fría se encontraba en su momento más candente. Con la recuperación de los Altos del Golán en su punto de mira, Hafez al-Assad estrechó las relaciones bilaterales con la URSS para abastecerse de armamento. Durante la década de los años 70 Al-Assad viajó hasta en ocho ocasiones a Moscú.

    La novena visita del rais al Kremlin tuvo lugar el 8 de octubre de 1980, fecha en que firmó con Leónidas Breznev un Tratado de Amistad y Cooperación de 20 años de validez y que convertía a Siria en el principal aliado de la Unión Soviética en Oriente Próximo para contrarrestar el peso occidental cada vez más creciente. Dicha alianza garantizaba al régimen baazista el suministro de armamento en un momento de suma importancia en la paridad estratégica con Israel y la intervención siria en la guerra civil libanesa.


    Hafez al-Assad y Breznev estampan la firma del Tratado de Amistad y Cooperación

    Como contraprestación la URSS obtuvo vía libre para utilizar el espacio aéreo sirio e instaló una base militar naval en el puerto mediterráneo de Tartus. Los aviones de combate MIG-23 o los vetustos pero aún mortíferos carros de combate T-55 o T-62 que hoy masacran a los opositores en Siria, son fruto de los acuerdos de comercio armamentístico de aquella época.

    De aquel acuerdo cabe destacar un párrafo del artículo 10, que establece que en el caso de “situaciones que amenacen la paz o la seguridad de una de las dos partes, o de la puesta en peligro o violación de la paz en general, se prevé una cooperación para restablecer la paz”. Paradójicamente, y a pesar de la desaparición de la Unión Soviética hace dos décadas, el veto del Gobierno de Putín a la resolución de Naciones Unidas sobre Siria hacer pensar que el Tratado de Amistad y Cooperación entre Moscú y Damasco sigue aun en vigor.

    La inmutable postura de China y sobre todo de Rusia en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, mientras el régimen de Bashar al-Assad siembra de muertos el asfalto de las calles sirias, solo responde a una defensa fehaciente de intereses económicos y geoestratégicos. Después de la mala experiencia en Libia con la intervención militar de la OTAN, Moscú y Pekín no quieren que Estados Unidos, la Unión Europea, Turquía y la Liga Árabe –con Arabia Saudí y Qatar a la cabeza– sitúen un gobierno en Damasco favorable a sus intereses y más en un momento tan crítico con Irán.

    En la defensa de los intereses estratégicos rusos en la región, juega un papel muy importante la conservación de la base naval de Tartus, la única que el Kremlin mantiene en el Mediterráneo y que muy probablemente perdería con la caída del régimen sirio. Los suculentos beneficios económicos obtenidos con la venta de armas al Gobierno de Al-Assad es otro de los alicientes por los que el Kremlin se opone a cualquier resolución en contra del Gobierno actual sirio. Es vox populi que en los últimos meses varias embarcaciones rusas repletas de armamento han llegado a puertos sirios rompiendo el bloqueo y haciendo caso omiso a las sanciones impuestas por la Liga Árabe y la comunidad internacional.

    Ataques islamistas a intereses soviéticos
    Una vez conocido el veto de Rusia y China, grupos opositores y en especial el Ejército Libre Sirio, han anunciado acciones contra intereses rusos y chinos en Siria. El ataque a patrimonio o personal ruso en Siria por parte de grupos opositores a la dinastía Al-Assad no es nuevo. En los años previos y posteriores a la firma del Tratado de Amistad y Cooperación, es decir en los últimos años de los 70 e inicios de los 80, acciones armadas de grupos islamistas próximos a los Hermanos Musulmanes fueron frecuentes.

    En 1980 ocho técnicos soviéticos fueron asesinados en varios atentados perpetrados por la oposición. La campaña de atentados contra objetivos soviéticos continuó con la colocación de bombas en las oficinas de la compañía Aeroflot en Alepo y Damasco. Otro ejemplo de la marcada actitud antisoviética de los opositores al régimen fue una manifestación en la norteña ciudad de Latakia contra el desembarco de material soviético.

    En una coyuntura marcada por el incesante goteo de deserciones en el seno del Ejército regular sirio y el consecuente engrose de las filas del Ejército Libre Sirio, el aumento imparable de muertes y la presión cada vez más asfixiante de la comunidad internacional y la Liga Árabe; habrá que comprobar cuán fuertes y fieles son las viejas amistades de Al-Assad.

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