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  • A 1.700 euros de la revolución
  • Únicamente cuando la Policía se una al clamor popular para protestar contra una situación que afecta transversalmente a toda la sociedad, los políticos comenzarán a tomar en serio las demandas sociales y la necesidad imperiosa de reformar una democracia ya obsoleta. De lo contrario, cualquier protesta ciudadana correrá la misma suerte que las acontecidas en los últimos meses.

    Al triunfo de revueltas árabes como la tunecina contribuyó en gran medida la postura no intervencionista del Ejército –principalmente– y de la Policía. Llegado el momento de decidir entre la certeza de unos regímenes autocráticos que les garantizaban un sueldo a final de mes y un pueblo que pedía a gritos un cambio, las fuerzas y cuerpos de seguridad de estos estados árabes escogieron PUEBLO. Una decisión difícil y llena de incertidumbre en su momento pero acertada al ponerse del lado del clamor popular.

    En el Estado español miles de trabajadores, entre ellos muchos empleados públicos de Sanidad, Educación, Bomberos… etc, han tomado las calles en multitud de ocasiones para protestar contra los recortes y el desmantelamiento del estado del bienestar. Unas protestas en las que la Policía ha estado presente no para defender sus condiciones laborales como colectivo del funcionariado sino para velar por el orden público, actuando en muchas ocasiones con desmesura y mostrando actitudes represivas propias de tiempos pretéritos teñidos de gris.

    En el punto de mira de sus porras y pelotas de goma han estado desde manifestantes del 15M hasta compañeros como los bomberos de la Generalitat de Catalunya en la Huelga General del 29 de marzo, por poner algunos ejemplos. Hoy, en los aledaños del Congreso de los Diputados han vuelto a repetirse escenas similares.

    Teniendo en cuenta la Constitución de 1978, a la Policía Nacional se le consagran dos misiones básicas: «proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la Seguridad Ciudadana». Derechos que en la actualidad están seriamente menoscabados por la violencia estructural que ejerce el Estado sobre gran parte de la sociedad con sus políticas.

    El policía no vive ajeno a la cena mileurista del presidente Rajoy camino de la Eurocopa de Polonia. La educación de la hija del policía también se ve damnificada por el hacinamiento estudiantil en las aulas y la falta de maestros. Su recorte salarial y pérdida de poder adquisitivo es igual a la de miles de trabajadores que observan atónitos como se rescata Bankia con dinero público.
    Entonces, si su indignación es común a la gran masa social, ¿por qué no unirse a ella?

    El anonimato que a un policía le proporciona el equipo antidisturbios y el amparo que le ofrece la ley para actuar con una alta cuota de impunidad, son elementos demasiado golosos para prescindir de ellos. Pero sobre todo, al igual que ocurre con cualquier trabajador, existe el miedo legítimo y entendible a perder el puesto de trabajo. Con la que está cayendo, ¿quién está dispuesto a arriesgar su puesto de funcionario con un sueldo de 1.700 Euros al mes para toda la vida laboral? ¿Quién está dispuesto a dar un paso adelante y asumir la incertidumbre que conlleva ese gesto?

    Sólo un cambio de mentalidad y un gesto de valentía en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado posibilitará el cambio social que gran parte del pueblo demanda. Estamos a tan solo 1.700 euros de la revolución.

  • El debate sobre el aborto divide a la sociedad turca
  • Publicado en GARA el 19 de junio de 2012

    El Gobierno islamista del primer ministro Recep Tayyip Erdogan pretende modificar la ley vigente desde 1983 que permite interrumpir el embarazo antes de la décima semana. Los partidos laicos y asociaciones feministas han salido a la calle para defender un derecho recogido en la Constitución turca.

    David Meseguer. Ankara.

    “El aborto es un derecho, Roboski una masacre”, es la respuesta que miles de mujeres han proferido en la calle al primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, quien días atrás había comparado la interrupción forzada del embarazo con el asesinato de 34 civiles kurdos por parte del ejército turco en diciembre de 2011 en la villa de Roboski al ser presuntamente confundidos con guerrilleros del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).


    La misiva principal “El aborto es un derecho, Roboski una masacre”. ©David Meseguer

    Como viene sucediendo cada fin de semana desde que se desató este debate nacional, los principales partidos laicos y asociaciones feministas han salido a la calle de las principales ciudades turcas para demostrar su rechazo a la derogación de un derecho recogido en la Constitución turca. Presente en la manifestación de Ankara que acogió alrededor de 5.000 mujeres, la diputada del pro-kurdo Partido Paz y Democracia (BDP), Emine Ayna, ha defendido en declaraciones a GARA que “son las mujeres quienes deben debatir esta cuestión porque sólo ellas pueden decidir sobre su propio cuerpo”.

    “El aborto legal no mata, pero sí el que se prohíbe” o “El Estado debe callarse, las mujeres deben hablar”, son algunos de los mensajes que podían leerse en las pancartas que encabezaban la manifestación de Ankara, que contó con la destacada presencia de diferentes diputadas del opositor Partido Republicano del Pueblo (CHP) y del BDP.

    Debate nacional

    La actual ley que regula el aborto en Turquía fue aprobada en 1983 y permite interrumpir el embarazo hasta las diez semanas de gestación siempre que se cuente con un documento que acredite el consentimiento conyugal. Según un estudio de 2011 de Naciones Unidas, Turquía tiene una tasa de aborto del 14,8%, inferior a países como Estados Unidos que cuenta con una tasa del 18,9%. La intención del Ejecutivo del primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, es derogar este decreto y redactar una nueva ley que prohíba el aborto, o bien reducir el tiempo de gestación para poder abortar y situarlo alrededor de las cinco semanas.


    Más de 5.000 mujeres se manifestaron por las calles de Ankara. ©David Meseguer

    A pesar de que el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) contó con cerca del 50% de los votos en las últimas elecciones generales, una encuesta publicada por el diario Haberturk indica que el 55,5% de los turcos se muestran contrarios a la prohibición de el aborto. Para poder aprobar un proyecto de ley en el Parlamento turco es necesario obtener como mínimo 367 de los 550 escaños que componen la cámara, cifra con la que actualmente no cuenta el partido islamista que tiene 326 diputados.

    Durante las tres décadas de vigencia de la ley no se había generado ningún tipo de debate ni controversia en torno al aborto. Tampoco durante las dos primeras legislaturas del AKP la cuestión había llegado a la Gran Asamblea Turca. Este debate nacional surge en este momento por la presión que los líderes religiosos del estado otomano están haciendo al partido islamista moderado que preside el Gobierno y por la preocupación generada por el leve descenso de la tasa natalidad.

    Erdogan, cree necesario tener garantizada una mano de obra joven que pueda sostener el marcado crecimiento económico del país –un 8,5% en 2011–. En este sentido, el primer ministro turco indignó a los colectivos feministas de Turquía en alentar a las mujeres “a tener al menos tres hijos para garantizar una población joven y mantener la economía fuerte”. Una preocupación del mandatario turco que no se corresponde con la realidad si se tienen en cuenta las estimaciones de Naciones Unidas donde Turquía tiene una tasa de crecimiento de la población proyectada del 1,14% en comparación con el 0,11% de Europa.


    El aborto es un derecho legal en Turquía desde 1983. ©David Meseguer

    Peligro de un mercado negro

    Erdogan está tratando de limitar no sólo el aborto sino también los nacimientos por cesárea. Según el ministerio de Salud turco, durante el 2011 más del 45% de los nacimientos fueron por cesárea, una cifra demasiado elevada teniendo en cuenta la tasa recomendada por la Organización Mundial de la Salud.

    Los expertos advierten que el acceso restringido no disminuirá la tasa de aborto y podría suponer la creación de un mercado negro que amenace la salud materna y afecte negativamente a las mujeres más pobres que no podrán pagarse un aborto en el extranjero.

  • “Tango queer”
  • Las milongas homosexuales son un síntoma evidente de la nueva realidad social argentina.

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